Por mà se va a la ciudad doliente;
por mà se va al eternal tormento;
por mà se va tras la maldita gente.
Movió a mi Autor el justiciero aliento:
hÃzome la divina gobernanza,
el primo amor, el alto pensamiento.
Antes de mÃ, no hubo jamás crianza,
sino lo eterno; yo por siempre duro:
¡Oh, los que entráis, dejad toda esperanza!