Un hombre puede creer o no creer, eso es cosa suya. Porque es su propia vida la que apuesta. Por la f辿, la incredulidad, el amor, la inteligencia. Y no hay sobre la tierra una verdad m叩s grande para el esp鱈ritu humano que esta gloriosa y humilde condici坦n:
El hombre arriesga su propia vida cada vez que elige, y eso lo hace libre
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